jueves, 24 de marzo de 2011

Club de lectura, "Hiroshima" de John Hersey

Hola, lectores

Os recuerdo que este sábado a las 17 horas en Jesuitas tenemos el comentario sobre el libro "Hiroshima" de John Hersey.

HIROSHIMA / JOHN HERSEY

"De todas las ciudades importantes de Japón sólo dos, Kioto e Hiroshima, no habían sido visitadas por B-san o Mr. B, como los japoneses llamaban a los bombarderos B-29".

"Corría el rumor de que los estadounidenses guardaban algo especial para la ciudad".

El 6 de agosto de 1945 a las 08.15 una bomba atómica mató a cien mil personas en Hiroshima.

Se inició así una era en la que las armas de destrucción masiva forzaban un nuevo orden mundial y se descubrían formas inéditas de sufrimiento humano.

Un año después Hersey, entonces corresponsal de guerra para la revista Time, narró al mundo, en un estilo ajeno a todo sensacionalismo, la historia de seis supervivientes antes, inmediatamente después y en los meses siguientes a la catástrofe. Cuarenta años más tarde, el autor regresó a Japón para averiguar qué había sido de cada uno de ellos y añadió un conmovedor capítulo final.

Publicado primero en la revista New Yorker en forma de artículo, pronto se convirtió en un texto de referencia para el periodismo de investigación y en un clásico de la literatura de guerra.

Los supervivientes que entrevistó la BBC y otros coinciden en que sólo vieron un fuerte resplandor antes de salir disparados por los aires debido a la onda expansiva.

"Casi nadie en Hiroshima recuerda haber escuchado algún sonido de la explosión. Pero un pescador en su barco cerca de Tsuzu vio el fogonazo y escuchó una tremenda explosión. Él estaba a unos 60 kilómetros de la ciudad y recuerda que el estallido fue mucho más fuerte que cuando los B-29 atacaron Iwakuni, a sólo ocho mil metros", explica Hersey.

Una de las supervivientes es Toshiko Sasaki, empleada en una fábrica de estaño.

"Allí en la fábrica de estaño, en el primer momento de la era atómica, un ser humano fue aplastado por libros".

La detonación atómica generó fenómenos inéditos. A la onda expansiva, el fuego y un tornado generado por los desplazamientos de aire siguieron movimientos atmosféricos singulares.

"Comenzaron a caer gotas de agua del tamaño de bolitas o canicas, fruto de la condensación proveniente del turbulento hongo de polvo, calor y fragmentos de fisión, ya a varios kilómetros de altura sobre Hiroshima".

Se ha estimado que unas 100.000 personas murieron en los segundos posteriores a la explosión. Otras tantas resultaron heridas. Los servicios de salud no daban abasto, ya que médicos, enfermeras y hospitales también fueron afectados.

"El doctor Terufumi Sasaki ya no se sentía médico sino un autómata, que mecánicamente limpiaba heridas y vendaba, limpiaba heridas y vendaba, limpiaba heridas y vendaba…".
 
Los supervivientes relataron que miles de personas quedaron atrapadas bajo sus hogares. Nada se pudo hacer por ellas, debido al fuego que asoló la ciudad tras el estallido.

Se cree que muchos incendios fueron iniciados por materiales combustibles que cayeron sobre cables eléctricos o sobre las cocinas.

"Cada dos o tres casas se podían escuchar gritos de gente que pedía socorro: Tasukete kure ("Ayúdeme por favor"). Debido al fuego, era muy tarde para dar una mano".

 
En miles de grados centígrados se puede contar la temperatura que generó la bomba atómica.

"El asfalto en las calles estaba derretido por el calor. En algunos huertos se podía rescatar zapallos y papas que fueron cocinados por las altas temperaturas de la explosión y el fuego posterior".

"El señor Tanimoto se inclinó para tomar la mano de una mujer herida en un intento por ayudarla. Pero su piel se desprendió como si fuera un guante".

El reverendo Kiyoshi Tanimoto se encontraba en los suburbios cuando se produjo el estallido. Rápidamente acudió al centro y durante días ayudó a los sobrevivientes.

"De pronto del padre Wilhelm Kleinsorge vio un uniforme. Se aproximó hacia el soldado con un poco de agua, pero al acercarse más se percató de otros 20 militares que también querían beber. Sus rostros estaban quemados y sus cavidades oculares huecas; el fluido de sus ojos derretidos se había deslizado por sus mejillas".
"El rumor en el hospital de la Cruz Roja era que había algo peculiar con esta bomba. Al día siguiente del estallido, un funcionario del instituto fue al sótano donde se guardaban las placas para rayos X, todas estaban veladas".

Pocas estructuras de concreto sobrevivieron la explosión. Algunas casas de madera alejadas del centro se mantuvieron en pie porque habían sido reforzadas contra terremotos poco antes.


Miles de personas llevaron o llevan las marcas de la bomba por el resto de sus vidas. Las heridas de otros miles no fueron tan evidentes; con el correr de los días y meses se comenzaron a entender los efectos de la radiación.

"Cuando la señora Hatsuyo Nakamura –que no sufrió ni quemaduras ni heridas el día 6- se arreglaba el 20 de agosto, notó que el peine le arrancaba mechones de cabellos".

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