sábado, 14 de mayo de 2011

Voz solidaria - Los desheredados de la tierra

Reza el dicho popular que una imagen vale más que mil palabras pero hay imágenes que pasan desapercibidas a nuestros sentidos, en ocasiones las miramos pero no las vemos, en muchas otras ocasiones, ni las miramos.

Las prisas, las mil cosas que hacer nos llevan en muchas ocasiones a la inobservancia, a vivir en un mundo de caparazón propio sólo de cada uno. Y claro lo que no se sabe o no se conoce, no existe.

En otras ocasiones se mira pero no se ve. Se me quedó muy grabada una escena que vi en una película en la que la portera del edificio de unos vecinos en posición acomodada (quien por cierto poseía una extensa biblioteca), invitada a cenar por uno de los inquilinos del edificio se arregló para salir y al cruzarse ambos con una vecina del portal le saludó muy educadamente al invitante de la portera pero no dirigió mirada ni palabra alguna a ésta. Ella le dijo a su amigo extrañada ¡no me ha reconocido! y él le respondió “eso es que no te ha visto nunca”.

Miramos sin ver y catalogamos a las personas por etiquetas, la portera, el barrendero, el abogado, el andaluz, el “moro”, el mendigo... No nos detenemos a ver en cada uno de ellos a la persona que hay en su interior. Amin Maalouf en su libro “Identidades Asesinas” habla de la identidad individual de cada persona. Dos andaluces no son iguales entre sí, como tampoco los son dos “moros” ni dos madrileños, ni dos catalanes. La identidad de cada persona viene determinada por su historia personal, por sus vivencias y por las sensaciones que éstas han despertado en ellas.

En mi etapa de estudiante, en una de las clases de Trabajo Social, recuerdo que la profesora nos dio a entender que ninguna persona es mas importante que otra, que si en nuestro trabajo nos encontramos con una persona que huele mal, nos dijo, “huele exactamente igual que nosotros si no nos laváramos”. A veces no lavarse no queda a merced del gusto de las personas, hay veces que estas personas no cuentan con las condiciones adecuadas para ello. Pero su aspecto desaseado para la mayoría de la gente ejerce como una barrera infranqueable, que a lo sumo y a regañadientes puede merecer una moneda en caso de pedirla pero de ningún modo una mirada a su persona.

Sin embargo estas personas que también tienen su historia, su familia, sus experiencias, su identidad propia, por su condición social y económica no dejan de ser seres humanos al igual que aquellos que tienen la suerte de disfrutar de situaciones mas acomodadas. La única diferencia es que los primeros tienen todo tipo de necesidades básicas sin cubrir, lo que les lleva a vivir en condiciones infrahumanas. Cada día se enfrentan al reto de no saber cómo sobrevivirán ese día.

Cuantas veces pasamos por la calle y vemos a una persona sentada pidiendo y pensamos, vete a saber quien se quedará con ese dinero y así justificamos nuestra falta de solidaridad y acallamos nuestra conciencia. La incredulidad y la indiferencia son armas de aniquilar, de aniquilar al otro, al más desfavorecido, al más débil, no hay nada que aniquile más que sentirse invisible.

Stéphane Hessel, autor del libro recién publicado “Indignaos” invita a la juventud a la movilización, instándoles a abandonar la indiferencia en estos tiempos adversos. 'En situaciones como la presente, en la que cada vez aumenta más el paro y cada vez hay mas pobres en el mundo no debe existir espacio para la resignación o la apatía afirma Hessel.

La libertad y la justicia son principios a los que nunca debemos renunciar, deben estar siempre presentes en nuestras vidas. No podemos aceptar que habiendo más recursos actualmente que los que había cuando se construyó el Estado del Bienestar en Europa nos digan que no hay dinero para sostenerlo. Todos tenemos derecho a una vida digna y esta no puede ser mermada porque hayan cambiado los intereses en pro de un capitalismo despiadado para el que el dinero está por encima del bienestar de las personas.

Personas, que muchas de ellas, en todo el mundo, viven por debajo del umbral de la pobreza, para las que no hay recursos , personas que se quedan al margen del Estado de Bienestar porque no cumplen el “perfil”, son los marginados con mayúscula de nuestra sociedad occidental que junto a las personas que habitan en los países en desarrollo, sufriendo el hambre cada día sin la esperanza de saciarla forman el componente humano mas desgarrador de la sociedad global. Son los mas pobres, los que no tienen nada, no tienen recursos, ni derechos, ni esperanza, son los desheredados de la Tierra.

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