martes, 5 de junio de 2012

Artículo Voz Solidaria


¡Coraje, serenidad y sabiduría!

David, el menor de 6 hermanos, que nació en 1915 en EEUU. Apostamos que con dos años de edad, comía helados y jugaba con los juguetes de la época, seguramente más numerosos y caros que los juguetes de otros niños. De adolescente, durante los veranos, iba con su familia a la finca de Seal Harbor, en Maine, allí los niños podían dar lagos paseos por el interior de los bosques de la finca y navegar en sus barcos. En su juventud se escapaba a la casa de las islas Vírgenes, o a un rancho venezolano entre las montañas. De habitual vivían en una casa de la Quinta Avenida en Nueva York, costaba mantenerla 50.000$ al año, mantener el resto de la hacienda costaba 500.000$. En 1969, David era presidente del consejo de administración y principal director ejecutivo del banco más importante de su país, como ciudadano más poderoso de los Estados Unidos, se escribió de él diciendo “David Rockefeller, el único hombre que tendría que bajar en el escalafón para convertirse en presidente de su país”. [1]

 Con el mismo nivel intelectual, las mismas capacidades personales y la misma motivación, ¿hubiese llegado a ese mismo cargo, si David hubiese nacido en una zona de Los Ángeles llamada Watt, de ingresos bajos y predominantemente negra?, o más aún, si se tratase de su hermana Mary Rockefeller, ¿habría llegado Mary a tener tanto poder cómo su hermano David?

Las personas tenemos entre sí conflictos por tener diferentes intereses personales. Las  personas de diferente clase social tienen entre sí conflictos por tener  diferentes intereses en la estratificación social que ocupan. Las naciones diferentes económicamente (ricas, pobres) tienen conflictos por tener diferentes intereses en su estratificación internacional.

En todos los problemas a todas las escalas, se pueden hacer prevención de conflictos, pero si la persona ha sido sustituida por un robot en la cadena de producción de su empresa para reducir los costes laborales y aumentar así su competencia en el mundo, produciendo un efecto dominó en sus compañeros para que acepten, un recorte de salario, un recorte de prestaciones, más temporalidad en el empleo, el alargamiento de la jornada para no ser igualmente sustituidos por otro robot. Se produce una sin razón.

Aristóteles decía “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”, ¿cómo podríamos enfadarnos con el robot que tenemos que competir en nuestro puesto de trabajo? En esta situación,  ¿tendremos que amordazar, nuestro espíritu crítico, en lo más hondo de nuestra conciencia?

Platón dice: “La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos”.

Mahatma Gandhi, dice: “La Tierra tiene lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no las ambiciones de unos cuantos”.

Teresa de Calcuta dice: “La pobreza no la hizo Dios, la hacemos tú y yo cuando no compartimos lo que tenemos”

Vamos a vernos en la individualidad, para ver si tenemos solución en la colectividad o ver por donde podemos empezar a dar alguna solución. Porque el cambio es individual, como dice el filósofo alemán Haberman: "Nuestra función en la vida es contribuir en la formación de ciudadanos responsables, frente al ambiente y a la vida misma".

Dalai Lama dice: “Lo más sorprendente del hombre occidental es que pierde la salud para ganar dinero, después pierde el dinero para recuperar la salud, y por pensar ansiosamente  en el futuro no disfrutan del presente, por lo que no viven ni el presente, ni el futuro. Y viven como si no tuviesen que morir nunca, y  mueren como si nunca hubiesen vivido”.

¡Nada queda por decir, los grandes eruditos a lo largo de la historia, desde todas las culturas y creencias, nos han dado todos los discursos posibles, ahora sólo queda la puesta en práctica de todos los conocimientos! Si cada uno mejoramos nuestro entorno el mundo mejorará o al menos habrá mejorado “nuestro mundo”. ¿Es un reto pequeño?

Platón dice: “Tres facultades hay en el hombre: la razón que esclarece y domina; el coraje o ánimo que actúa, y los sentidos que obedecen”. Como conclusión, voy a terminar con esta frase parafraseada y en primera persona para clamar como si fuese un deseo de impotencia y súplica: “Señor, dame “coraje” para cambiar lo que pueda cambiarse, dame “serenidad” para aceptar lo que no pueda cambiarse y dame “sabiduría” para distinguir lo uno de lo otro”. ¡Qué este sea nuestro estribillo!


[1] Harol R Kerbo, 2003, Estratificación Social y Desigualdad. McGraw Hill

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